Hace ya 27 años que ingresé a esta institución acompañando a mi esposo, sumándome a las actividades que la Rueda de la Amistad realizaba en pos de la comunidad. Con el paso del tiempo, la vida me fue acercando a los más jóvenes. Empecé a participar como asesora de Rotaract sin tener una formación previa, pero lo que siempre estuvo fue la afinidad para con ellos. La diferencia de edad no existía. Mi objetivo era compartir con ellos sus sueños y ayudarlos a hacerlos realidad, escucharlos y, solo cuando se necesitara, dar mi opinión; es decir, lo contrario a la formación de mi generación. Así comenzó esta relación: se sabía a qué hora empezaban las reuniones, pero no cuándo terminaban… Mientras compartían el mate y degustábamos la torta de limón que yo les llevaba. Cada uno volcaba su proyecto tratando que todos se cumplieran. Con las dinámicas, a veces reíamos; otras, nos emocionábamos. Participé con ellos en los diferentes eventos distritales, donde disfruté verlos cuando se reencontraban con sus pares; esos abrazos interminables confirmaban el lema que dice La Amistad Como Ocasión Para Servir y así fui joven otra vez; o, mejor dicho, mi mentalidad rejuveneció. Fui apreciando cómo Rotary, a través de sus herramientas, fortalecía sus partes débiles para derribar esos gigantes que cada uno de ellos tenía… y comenzó mi aprendizaje. Ellos me enseñaron que no toda la sociedad está deshumanizada, que ellos están dispuestos a construir un mundo donde los deberes y derechos del ser humano estén como regla primera, y también el respeto por la naturaleza, que es su gran hogar. Me enseñaron que las cosas que duelen hay que hablarlas. ¡Basta de tabúes, basta de discriminación! Sí a la inclusión, ¡basta de calificar! Sí a la diversidad, ¡basta de desigualdad! Sí a la equidad. En la actualidad, y ya con algunos años de rotaria, nuevamente se presenta el hermoso desafío de ser asesora de Interact. Ya con más experiencia puedo afirmar que Rotary Cambia Vidas y que los jóvenes cambiaron la mía. La enriquecieron. ¿Qué necesita esta sociedad deshumanizada? A jóvenes con cualidades y sentimientos para construir un mundo más sensible a los derechos humanos, a los derechos por la naturaleza y, por qué no decirlo, al respeto a las leyes espirituales, sin hablar de religión. A jóvenes que digan “basta de tabúes”, para hablar de las cosas que preocupan y duelen, elaborando proyectos para modificar patrones que evidentemente no dieron resultados positivos. A jóvenes que digan “basta de incoherencias”, para construir una sociedad más sincera, transparente y coherente con lo que se dice y se hace.
Mónica Susana Lovino