Hay cosas en la vida que son las de mayor valor: La familia, el amor y la amistad.         Hay cosas que nunca debes perder: La paciencia y la esperanza.

A veces nos sentimos preocupadas y en los tiempos de incertidumbre que vivimos es normal que perdamos un poco el camino de estabilidad y bienestar que veníamos siguiendo con tanto esfuerzo. Los acontecimientos que están ocurriendo en el mundo son abrumadores y consecuentemente, es normal sentirnos intranquilas.  Nos inquieta desde los hechos que convulsionan al mundo, hasta los niños en situación de pobreza y desnutrición en nuestro país, las familias inmigrantes que llegan buscando una mejor vida, los índices de mortalidad infantil, la inseguridad, conflictos personales y mucho más.

Sin embargo, no todo es malo. Existen dos valores que nos pueden fortalecer y ayudar ante cualquier situación que presenciemos o experimentemos: la fe y la esperanza. Estos valores vienen desde nuestro interior. Pero estos no trabajan por sí mismo, a veces hay que estimularlos y engrandecerlos con actos de fe y esperanza para seguir comunicando el mensaje a tu alrededor.

La esperanza es la  confianza en que las cosas cambiarán y mejorarán,  para poder resolver y  superar obstáculos  logrando así momentos positivos en que se encontrará una solución al problema.

Tener esperanza implica vivir con perseverancia. Esto ayuda a que salgamos de situaciones negativas y nos mantengamos firmes, sin desánimo ni tristeza.                                                                   La esperanza nos proporciona esa fuerza de vida que falta pero debemos lograrla a través del optimismo, empatía, solidaridad.

La esperanza es acción, comprensión, sacrificio, coraje y bondad.

La fe es la creencia y esperanza personal en la existencia de un ser superior. Tener fe implica seguir un conjunto de principios religiosos, de normas, de comportamiento social e individual. La fe viene de corazones nuevos. Asimismo, la fe puede considerarse como un regalo divino.                                                                                                                                   Probablemente hayamos escuchado la frase “la fe mueve montañas”, o “la esperanza es lo último que se pierde”. Ciertamente, la fe y la esperanza nos proporcionan ese ímpetu de vida que falta en ocasiones, a través de optimismo, empatía, solidaridad, amor y entendimiento.

Ayudemos a crear  esperanza a miles de niñas, niños, adolescentes,  familias y comunidades más vulnerables del país.

“La fe sube las escaleras que el amor ha construido y mira por la ventana que la esperanza ha abierto.”  Charles Haddon Spurgeon.