Viernes 9 de octubre de 2020
Argentina necesita, prioritariamente, eliminar su pobreza estructural y volver a crecer regularmente, eliminando las causas que la desequilibran y la sacan del quicio de la normalidad económica, política y social, conformando el estado permanente de crisis que la afecta históricamente.
Una república necesita ciudadanos que la constituyan y no clientes dependientes de un estado dominante. No puede, por lo tanto, funcionar adecuadamente con un altísimo porcentaje de pobres, pensionados y mantenidos precariamente por un estado quebrado que agobia, por otra parte, a la sociedad civil que lo soporta.
Argentina necesita ahorrar legal y normalmente, para poder realizar las inversiones indispensables para progresar y las reformas necesarias para que ello sea posible.
Fundamentalmente, cambiar la costumbre de despilfarrar sus recursos a través de un estado y de habituales políticas irresponsables y viciosos, y demostrar a propios y ajenos que es un país confiable.
Existe una actitud cultural generalizada proclive al despilfarro generoso de los recursos públicos, como si no dependieran de una recaudación compatible con la salud y capacidad económicas de la sociedad civil a la cual –se supone– están destinados y orientados en su beneficio.
Su consecuencia resulta en el agobio impositivo, el déficit fiscal y la inflación, cuya víctima es esa misma sociedad civil a la cual pretende servir.
Su resultado: pobreza y servidumbre crecientes.
Se debe encarar una reforma impositiva tendiente a instaurar conductas coherentes con criterios austeros y prudentes en el manejo de los recursos y en el empleo públicos, que conformen políticas federales responsables.
Se debe gastar lo que se recaude, debe recaudar el que gasta y pagar el costo político de hacerlo.
La coparticipación debe disminuir o desaparecer, y las provincias bancar sus gastos políticos y administrativos.
La educación debe ser atendida por la nación porque es de interés nacional y su responsabilidad.
La salud puede tener una consideración similar e, igualmente, las grandes inversiones en infraestructura y desarrollo.
Es el caso del NOA-NEA. Para superar su pobreza y desarrollarse, debe implementarse un plan ambicioso para integrarlo al país en condiciones más igualitarias.
Su condición actual desequilibra económica y políticamente a todo el país y, en particular, su migración altera y afecta a la provincia de Buenos Aires y a CABA, casi el 40% de argentina.
La solución sensata no pasa por empobrecer a los más ricos para solucionar el problema de los más pobres, por empobrecer a un porteño para mejorar la situación de un santiagueño que tiene un PBG (Producto Bruto Geográfico) catorce veces menor que un porteño, sino en hacer un esfuerzo nacional para llevar su condición a una situación más igualitaria con la del porteño.
El NOA-NEA quedó marginado, en gran parte, por el extraordinario proceso de desarrollo del centro del país en base a inmigración, capitales y tecnología europeos de fines del siglo XIX y comienzos del XX.
Hoy tiene el 20% de la población de argentina y solo el 9% del PBG argentino, pero tiene una representación del 41.6 del Senado Nacional, lo cual contribuye a alterar y perturbar el equilibrio político de la nación.
Su desarrollo resulta ser una cuestión prioritaria para la República a resolver; no es un tema menor, ya que sería fijarse como objetivo equilibrante duplicar su población y aumentar su PBG un 400%.
Resulta problemático que su desarrollo pueda concretarse espontáneamente con las mismas reglas de juego con las que puede funcionar el resto del país. Por ello, debe implementarse un plan que contemple sus características y necesidades actuales.
Históricamente, su economía ha estado orientada y funcionado para el mercado interno.
Su transformación debe estar orientada a la exportación para no estar condicionada en su crecimiento.
Su mayor problema ha sido el costo de la distancia, que ha encarecido sus costos y desvalorizado su producción, traduciéndose en la falta de infraestructura.
Su marginalidad en el proceso de desarrollo exitoso de Argentina estuvo determinada por su imposibilidad de producir aquello que demandaba Europa: trigo, maíz, carne de calidad, lana.
Actualmente no existen esas limitaciones, porque Argentina dispone de las tecnologías que permiten superarlas. El costo de la distancia puede ser superado con su integración a la Hidrovía Paraná-Paraguay mediante un sistema eficiente de transporte ferroviario y fluvial, y agregando valor a su producción en el lugar para reducir la incidencia del flete en sus productos de mayor valor económico.
En este marco, es necesario plantear el posible aprovechamiento del Río Bermejo, un tema recurrente y permanentemente postergado en la consideración de las potencialidades de la República, y que permitiría aprovechar recurso disponibles: agua, tierra y población, para generar un polo de desarrollo que llegaría desde la frontera de Bolivia hasta la Hidrovía Paraná- Paraguay, con la posibilidad de regar alrededor de 1.500.000 has., generar electricidad y construir un canal navegable hasta la hidrovía. Esto generaría el sustento económico para una población de entre 8 y 10 millones de habitantes.
La concreción del Proyecto Bermejo traería aparejados otros proyectos que involucrarían a la economía regional, como la forestación compensatoria del desmonte involucrado en el proyecto y su industrialización.
En el contexto del largo proceso de estancamiento de la economía argentina y de la frustración consecuente de haber sido protagonistas de un inexplicable e injustificable fracaso histórico, su sector agro industrial –a pesar de las políticas desfavorables y discriminatorias sufridas– ha sido capaz de evolucionar en su sector agrícola desde los 8-10 millones de toneladas de mediados del siglo XX a los actuales 140-150 millones de toneladas y convertirse en una de las más eficientes del mundo.
Teniendo en cuenta las posibilidades de contar con políticas más amables y adecuadas ¿cuáles serían los márgenes para su progreso cuantitativo y cualitativo si además se sumara una desarrollada y modernizada región NOA-NEA?
Creo que los argentinos deberían averiguarlo efectivamente, si no han perdido la capacidad de pensar en el futuro para sus hijos y nietos, y soñar con un futuro mejor.
Además de la migración del NOA-NEA, no es menor el aporte a los problemas del AMBA por parte de una inmigración constante del Paraguay y de Bolivia que disminuye o se acrecienta de acuerdo a la situación económica argentina, que la hace más o menos atractiva pero que en la actualidad alcanza a casi dos millones y medio de personas que mantienen su identidad nacional y los vínculos familiares con su país de origen.
Esta es una relación especial que se mantiene con altibajos desde la época colonial, donde los tres países formaban parte del Virreinato del Río de la Plata.
En realidad, esta vinculación es una constante, porque los tres países constituyen un espacio económico particular vinculado a la Hidrovía Paraná-Paraguay y al Río de la Plata como salida al Atlántico y al mundo.
Esta relación tiene un interés común: la creación de un espacio y polo de desarrollo a crearse en el marco del aprovechamiento de los 450 m3 del Río Bermejo y un posible aprovechamiento de los 200 m3 del Río Pilcomayo que los tres países comparten, lo que reforzaría y justificaría plenamente una mayor integración como espacio económico y empresa común de desarrollo.
Favorecería una relación más equilibrada con Brasil en el marco del Mercosur.
Bolivia tiene una población de 11.700.000 habitantes; Paraguay, 7.200.000 y el NOA-NEA aproximadamente 9 millones. La migración del NOA-NEA en el AMBA, más la inmigración de ambos vecinos, debe ser de alrededor de 4 millones y medio. La población total de Bolivia, Paraguay y el NOA-NEA –más sus diásporas– sería de 32.400.000 habitantes y la población restante de Argentina de 31.500.000 habitantes.
La creación de una economía sustentable para 8-10 millones de habitantes mediante el posible proyecto de aprovechamiento del Río Bermejo en la frontera del NOA-NEA con Bolivia y Paraguay solucionaría los problemas de la pobreza de la región y, seguramente, tendría consecuencias importantísimas para su población y para su desarrollo.
Parte II: el Río Bermejo
Nace en Bolivia y en la frontera con Argentina recibe al Río Grande de Tarija, para luego penetrar en territorio nacional.
Conocido en el norte como un río “salvaje”, es de régimen muy irregular. En un corto período durante el verano, su caudal concentra el 80 a 85% del derrame anual y después, durante muchos meses, prácticamente desaparece.
Oscila entre 80 m3/seg y 5.000 m3/seg. En situaciones extremas, ha llegado a 16.000 m3/seg en Juntas de San Francisco. Aporta el 80% de los 92.000.000 de m3 de sedimentos que taponan el Paraná y rellenan al Río de la Plata, ocasionando ingentes gastos de dragado (Boscovich).
Como proyecto de aprovechamiento debería ser regulado mediante la construcción de varias represas en la Alta Cuenca. La más importante sería Zanja del Tigre, en las proximidades de Orán, Salta.
Además, sería indispensable neutralizar el aporte de sedimentos del Río Iruya, que aporta el 51% de los sedimentos que recibiría Zanja del Tigre, acortando su vida útil.
Regulación del Río Bermejo después de juntas del San Francisco y proyecto de aprovechamiento:
Para abordar el proyecto de aprovechamiento del río, es fundamental fijarse los objetivos por orden de prioridades que pretendemos alcanzar, porque en su evaluación aparecerán, en la ecuación costo-beneficio, posibilidades quizás fundamentales para el país que escapan a los límites del planteo técnico-económico.
Desde mi punto de vista, el objetivo fundamental del proyecto es el desarrollo de una región pobre y marginal y la puesta en producción de alrededor de 1.500.000 ha. Regadas, con posibilidades de doble cultivo anual y la ubicación de varios millones de habitantes en el marco de una región también a desarrollar.
El desarrollo de esta región resulta fundamental para solucionar problemas económicos, sociales y políticos que afectan las posibilidades de un desarrollo armónico y equilibrado del país en su conjunto.
Por supuesto que fijar las prioridades no implica abandonar los otros objetivos que pueden alcanzarse, sino ordenar y facilitar el proceso de toma de decisiones.
Sobre la utilización del Bermejo existen antecedentes y propuestas desde hace muchísimo tiempo y proyectos concretos sobre el destino del río y sus aguas que siempre han seguido corriendo y creando problemas en su recorrido hasta el Atlántico, sin que datos, información, registros, proyectos, sueños y esperanzas hayan podido bajar de los archivos y bibliotecas.
Con respecto al proyecto de aprovechamiento del Bermejo, es necesario plantearse los siguientes interrogantes y encontrarles respuesta:
¿Es factible sistematizar la Alta Cuenca del Bermejo para entregar 457 m3/seg en juntas del San Francisco, reduciendo los sedimentos a un nivel aceptable para la vida útil de las represas necesarias?
¿Es factible –si partimos de la respuesta afirmativa del interrogante anterior– “amansar” el río a lo largo del curso inferior hasta llegar al Río Paraguay, manteniendo el río lleno y controlado mediante una serie de represas y puentes de tierra para regar 1.500.000 ha o más, generar energía y mediante sus esclusas hacerlo navegable para barcazas?
Frente a la alternativa de otros proyectos existentes que preveían la construcción de uno o dos canales hasta la Hidrovía Paraná-Paraguay, con 200 o 300 km de canales se podrían enderezar los meandros más pronunciados del río y concentrar todos los esfuerzos en aprovechar el cauce natural.
Por supuesto: también habrá que evaluar los otros proyectos y considerar los intereses y conveniencias de las provincias de Salta, Chaco y Formosa.