El Comité de Membresía no ha de reducirse a un director y a un par de socios más allá del club. Pueden –y deben– participar todos los socios del club rotario.

El Comité de Membresía es la columna vertebral de un club. Si bien no es la intención sobredimensionarlo, porque todas las Avenidas o Comités son importantes, sabemos que la vida, la continuidad, la permanencia, la sustentabilidad de cualquier club de Rotary depende de su membresía: captar nuevos socios, mantener activos a los recientemente incorporados, motivar y comprometer a los socios es vital, es esencial y, por supuesto, sostiene así la diversidad de la clasificación de oficios profesionales que caracteriza la vida rotaria.

Lamentablemente, ocurre que el ingreso de socios es proporcionalmente menor al egreso. Esto es porque la cantidad de socios depende de varios factores: el problema de la edad, enfermedades y fallecimientos. Esto pone en crisis la vida de los clubes, a pesar de que se produjo un cambio fundamental en todo Rotary cuando, décadas atrás, se produjo el ingreso de mujeres que hoy ocupan un porcentaje importante y ocupan cargos de relevancia en Rotary International.

Es necesario que el club sea proactivo, como propone la psicología moderna. Es cuestión de motivar para que el club no se debilite, se vuelva vulnerable y, finalmente, por pérdida de socios, desaparezca. No podemos quedarnos tranquilos esperando que el club se achique, se amodorre, se vuelva inerte. Tenemos que organizarnos más en la presencialidad que vamos a tener. En especial a cada nuevo socio hay que comprometerlo, que se identifique con el Club y se ponga la camiseta de Rotario, que vea como se trabaja, como se hace gestión, con que cariño y ánimo encarnamos cada proyecto.

Al entrar al club, el ingresante tiene un ideal, una escala de valores que tal vez coincida con cada uno de nosotros. Ya nos conoce, ha tenido alguna reunión, cena o evento; ha participado de uno o más encuentros virtuales. Pero no alcanza, hay que alimentarlo con un diálogo permanente. Cada socio debe hacerse cargo de esto. Acercarse al ingresado, invitarlo a un café, a una salida u otra forma de encuentro que permita el conocimiento y la posibilidad de una charla libre, franca, directa para generar esa amistad que tanto pregonamos y nos enorgullece en cada club rotario.

“Ganar amigos” es un concepto muy caro, es complejo y muy difícil. En palabras de un conocido neurólogo argentino que también está abocado a la acción política, al publicar su último libro sobre neurociencias expresa que “una de las enfermedades de este momento, incluso post pandemia, pero que ya está estadísticamente verificado, es la soledad”. La pérdida de relaciones sociales trae aparejada un gran número de perturbaciones psíquicas, angustia y ansiedad. El funcionamiento cerebral o psíquico puede ser verificado por herencia: los impulsos, reflejos y automatismos representan un 30 % de la conducta humana. El resto de lo que somos y hacemos viene de la convivencia y del trato con los demás, de la empatía, de la comunicación, de las relaciones interpersonales y de la interacción familiar.

En resumen, la mente depende de no sentirnos solos. Lo que significa que la soledad es una enfermedad hoy altamente expandida: el encierro, el miedo a enfermar o a morir, el temor a la incertidumbre, la pérdida de seres queridos. Se ha generado lo que ya es un hecho en todos los países: violencia, adicciones, psicosis, suicidios, depresión.

Es cierto que la tecnología, las redes, el teléfono celular y la computadora se han transformado en la herramienta útil y necesaria para trabajar, contactarnos e informarnos, pero no alcanza, no es suficiente para cubrir nuestras necesidades de orden afectivo y social. Un abrazo, una expresión de amor, un apretón de manos y cualquier gesto cara a cara, cercano entre dos o más personas no tienen sustituto en la tecnología, aun con el modo de vernos y hablar por Internet. El trato personal, llamado “vínculo”, se instituye y nos instituye. Nos da identidad, nos facilita vernos en el espejo del otro. El yo-tú es, en sí mismo, un existente separador y unificador de cada uno con los otros. No hay yo sin tú, ni tú sin yo.

No dejamos de considerar que los encuentros virtuales seguirán existiendo y ampliando nuestro horizonte de vida. Sin embargo, la presencialidad, el modo de estar juntos, compartiendo y festejando, trabajando o gestionando es lo más saludable y maravilloso de la vida humana.

Ya podemos ver con qué riqueza el club rotario tiene y sostiene los encuentros semanales, los eventos que facilitan el compañerismo, las reuniones hogareñas, las reuniones interclubes, las Convenciones Distritales y las Asambleas son y volverán a ser el mejor modo de ganar amigos, crear instancias de ingresar nuevos socios y finalmente crecer en nuestros clubes y ruedas internas.

Así se genera la motivación para que la membresía se revitalice y ofrezca la maravillosa oportunidad de ser útiles a la comunidad y sentirnos valorados y queridos por nuestros amigos rotarios de cada club y de todo Rotary a nivel mundial.

De este modo aumentar la membresía es no solo una tarea para dar larga vida a cada club, sino más que nada sostener la salud mental y social que todos necesitamos para seguir aportando desde Rotary la acción solidaria y generosa que nuestras sociedades necesitan y reclaman, con paz, trabajo y bienestar.

Ofrecernos a los demás y estar a disposición del otro es no solo un ideal rotario es la base de la lucha silenciosa y fructífera que cada uno puede hacer ante el flagelo del individualismo, la soledad y el egoísmo.

La membresía es la clave para dar larga vida al club y sana vida a los miembros.