Con frecuencia leemos o escuchamos noticias acerca de la acción de ciertas instituciones conocidas como “de servicio”. Algunas de ellas tienen rango internacional, otras son partes de una red nacional y otras son locales; existen las que dedican sus esfuerzos a la comunidad en todos sus aspectos y también aquellas que lo hacen en relación con alguna necesidad específica. Pero en todos los casos su común denominador es que están constituidas por grupos de personas que, generosamente, dedican parte de su tiempo para ayudar a la comunidad, obteniendo como premio la amistad que genera la aplicación de sus principios.

El intento de explicar en qué consiste el servicio nos lleva a comparar tres términos entre sí: beneficencia, filantropía y servicio. El primero, beneficencia, significa “virtud de hacer el bien”. Por su parte, la palabra filantropía está formada por dos vocablos griegos: philos, “que ama”, y anthropos, “hombre”, es decir, que ama al ser humano, en sentido genérico.

Con respecto al servicio, una de las tantas posibilidades de describirlo es decir, sencillamente, que consiste en hacer algo positivo en favor de otras personas.
De acuerdo con estos significados parecería que los tres términos expresaran igualmente la esencia de esas instituciones, porque hacen el bien (beneficencia) y de ese modo demuestran amor por la humanidad (filantropía).

Pero ellas prefieren ser identificadas como entidades de servicio, quizás porque la costumbre ha hecho que los vocablos beneficencia y filantropía se asocien exclusivamente con lo que se regala, siendo que sus acciones van más allá del simple obsequio.
Aún cuando cada institución tiene características propias, las acciones que generalmente llevan a cabo son de tres tipos: educación, gestión y ayuda material a través de donaciones, desarrollando cada entidad con mayor fuerza el aspecto que motivó su creación. 

Educan a través de campañas de salud, de cortesía, compañerismo, comportamiento vial y muchas otras, otorgándose también premios para estimular los buenos ejemplos. Esos aportes educativos tienden a la formación de actitudes sociales positivas y espíritus solidarios, con lo cual la ayuda que brindan tiene un valor que supera ampliamente lo material. Surge de aquí una de las características más importantes del servicio: ayudar a la gente a que se ayude a sí misma. 

Sin embargo, también pesan los otros dos campos, ya que efectúan gestiones ante necesidades concretas que detectan y buscan a quienes están en condiciones de satisfacer esas necesidades, y completan su accionar donando en muchas oportunidades toda clase de elementos que, si bien no solucionan las injusticias sociales, las atenúan.  

El servicio parece no tener límites para algunas instituciones, porque no sólo procuran el perfeccionamiento individual de cada uno de sus miembros mediante la adopción de elevadas normas de ética, -a fin de servir mejor a la comunidad desde las actividades cotidianas personales-, sino que también abarcan la escala internacional, promoviendo activamente la paz entre los pueblos.

Estas actividades suelen tener poca publicidad, pero todos somos conscientes de su presencia constante y del alto sentido de solidaridad que simbolizan. Por eso, y por su profundo sentido humanitario, las instituciones de servicio han logrado un merecido reconocimiento, tanto mundial como local.