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Prof. Dr. Luis Nicolás Ferreira

Vicerrector de Relaciones Institucionales de la UCES
"La universidad y la pandemia"
Abril 2021

Voy a citar una frase que algunos adjudican a Fray Luis de León, aunque en una situación muy diferente: “Decíamos ayer”. Con fecha noviembre de 2018, en el n.° 427 de nuestra revista Vida Rotaria, publiqué un trabajo sobre “La universidad que tenemos y la universidad que queremos”.

Allí expresé lo siguiente: “Existe un fuerte crecimiento de la educación a distancia y especialmente de la educación virtual o en línea, con actividades que los estudiantes deben resolver para aprender interconectados y utilizando plataformas digitales”. Hoy podemos afirmar que la pandemia del miedo que estamos soportando llevó, en forma imperiosa, a todas las universidades a una total digitalización académica y administrativa.

Las universidades, en mayor o menor grado, debieron recurrir, mejorar y hasta perfeccionar en forma inmediata sus sistemas y plataformas como única solución para enseñar y evaluar. Adaptaron así las clases a una modalidad remota y redactaron los protocolos de evaluación.

Había comenzado el año lectivo y no se podía dejar a los alumnos sin cursar y perdiendo el año. Para trasladar lo presencial al campo virtual se necesitó mejorar la infraestructura y preparar a los profesores y a los alumnos incorporando la idea de la virtualidad de calidad en la cultura académica.

La universidad debe poseer ahora una capacidad virtual eficiente en su infraestructura, con profesores que puedan diseñar la enseñanza en línea y evaluar con seguridad. Así mismo, los alumnos deben poseer los dispositivos electrónicos necesarios. La enseñanza presencial, que se controlaba personalmente, no es exactamente replicable en la virtual. Pero la educación a distancia presenta ventajas que deben ser aprovechadas. Las mencionaré a continuación:


  • El profesor se convierte en un proveedor y facilitador del proceso de enseñanza-aprendizaje.
  • El alumno recibe la información y aprende a seleccionar, interpretar, clasificar y evaluar, adquiriendo así la capacidad para regular su propio aprendizaje con responsabilidad y autodidactismo. Se suele llamar a este proceso “clase invertida”.
  • La flexibilidad horaria es mayor, el alumno maneja sus horarios salvo que se use la comunicación sincrónica (online). Desaparecen las barreras geográficas.
  • Los alumnos pueden seguir comunicándose entre sí y seguir realizando trabajos en equipo.
  • Permite un mejor aprovechamiento del estudio a alumnos con diferentes capacidades, al adoptar un ritmo individual.
  • Se eliminan barreras de edad, ocupación y socio-familiares.
  • Los costos por traslado y/o residencia quedan prácticamente reducidos a cero.
  • Se obtiene el mismo valor académico.
  • La incorporación de las TIC al quehacer diario del estudiante favorece su futuro teletrabajo profesional.
  • Las sesiones quedan grabadas y a disposición del estudiante, proporcionando así una retroalimentación continua.


Aún es temprano para evaluar el impacto que este proceso de cambio producirá. Es necesario construir una comunidad de pertenencia académica y social, donde el aspecto técnico y los contenidos teóricos se complementen. En este contexto, la tecnología es solo un instrumento facilitador. Un problema que podría surgir es la sensación de aislamiento que experimentaría el estudiante ante la despersonalización del proceso educativo sin el contacto con sus maestros. El docente cumple una función primordial personal de ejemplo. En su clase, con su presencia y experiencia, sus anécdotas y citas de personas célebres, transmite valores que moldean la personalidad del futuro profesional.

Otra dificultad la constituye el cursado de ciertas carreras y asignaturas que necesitan realizar prácticas de experimentación que deberían ser personales en laboratorios, hospitales, salidas de campo, construcciones de maquetas y otros. En ellas, el estudiante debe ver, comprobar, sentir, percibir, construir para adquirir destrezas y habilidades que solo se logran haciendo bajo la tutela de su profesor.

Este cambio rápido y profundo en los métodos de enseñanza es apreciado y aprovechado por los graduados universitarios.

El graduado necesita tener un Desarrollo Profesional Continuo (DPC) a la luz de los vertiginosos y grandes progresos en todos los ámbitos frente a la sociedad que está a la espera de su saber.

La universidad constituye uno de los ambientes primordiales para que el graduado se actualice. A su vez, la universidad debe promover su acercamiento.

Muchas veces la distancia y la falta de disponibilidad horaria alejan al graduado de su capacitación. Los cursos de posgrado, llamados también Diplomaturas Universitarias, dictadas a distancia, pueden cumplir los objetivos de perfeccionamiento profesional. Es necesario destacar que cuando un profesional universitario entra en la desactualización de sus conocimientos y prácticas, cae en la ignorancia progresiva, que es irreversible.

La pandemia nos castigó a todos con una gran crueldad. Pero los valores de la persona humana lograron que nos unamos con solidaridad para resolver los problemas que ella nos creó.